Si ya estás cansada de las incesantes preguntas de todos tus conocidos sobre la boda, si las flores, las invitaciones, las mesas, te salen por las orejas. Si prefieres conversaciones sobre el tiempo que sobre los manteles y los meseros, tranquila, no es que no te haga ilusión tu boda ni que tengas que plantearte que tienes un problema. Simplemente tienes el síndrome “harta de la boda” y a la mayoría de las novias les pasa.
Piénsalo, al principio, cuando decidisteis casaros, os hacía muchísima ilusión anunciarlo, elegisteis la iglesia y la finca, lo reservasteis todo e hicisteis mil planes. Pero desde ese momento hasta dos o tres meses antes de la boda, no teníais demasiado que hacer, porque era pronto, o no era momento, y porque seamos francos, cualquier boda se prepara en un par de meses, siempre que tengas los sitios previamente reservados. Y ahora, alubión de recados, citas y decisiones que tomar… Elegir el menú, las pruebas del traje, el expediente prematrimonial, las flores, los pajes, el protocolo de mesas, los manteles, la música… Y un largo etcétera que se puede alargar insospechadamente dependiendo del grado de detallismo de la novia. Con lo que es normal que estés harta, estás estresada, porque además a todo esto se suele sumar el trabajo, que todos quieran opinar de todo y poner vuestra futura casa. Pero la buena noticia es que el tiempo que te queda da de sobra, aunque no lo creas.

Francamente, no hay solución maravillosa para reducir este estrés, solo se te pasará en el avión, cuando empieces tu viaje de novios. Pero procura relajarte un poco, resérvate tu momento del día para “pasar de la boda” y verás que después retomarás los preparativos con fuerzas renovadas. Y si esto no te funciona, siempre nos quedarán la tila y la valeriana!